Modificación insertada.
¿Cuántas veces es posible escribir y borrar en bucle el inicio de una carta? Aún no lo sé, pero te puedo asegurar que llevo cinco horas tratando de averiguarlo, y es que… ¿cómo se retoma un vínculo por escrito cuando hace dos años de mi última visita a tu bandeja de entrada? 🤔
¿Cómo, cuando ya no voy a hablarte del tema por el que te suscribiste?
Cuando es probable que no me recuerdes
Cuando ni siquiera soy la misma persona que se despidió de ti.
Así que tras este tira y afloja y un montón de sensaciones desagradables, he llegado a una conclusión: no hay una forma perfecta de retomar todo esto, pero sí hay una forma de hacerlo: cualquiera.
Así que aquí estoy, con una sonrisa nerviosa y tratando de sobrellevar el momento incómodo de saludarte de nuevo de la mejor manera:
Hola 👋🏼

Voy a intentar ordenar mis ideas para poder contextualizarte, y te haré una pequeña confesión (una más): lo que más me gusta de escribir –mensajes, mails, cartas o libros– es visualizar a quien me lee mientras lo hace.
Para mí, hay algo especial en compartir –aunque sea a través de la imaginación- ese momento íntimo en el que tu concentración, por unos minutos, está inmersa en comprender lo que te quiero transmitir. Imaginar tus microgestos, el ambiente que te envuelve, los pensamientos que cruzan por tu mente, las conexiones que generas al extrapolar lo que te cuento a tu propia experiencia, y el pensamiento arborescente 🌳 que se genera a partir de un par de palabras.
Me hace genuinamente feliz saber que estás leyendo estas líneas, y te agradezco de corazón que me hayas acompañado durante parte de mi camino. Bajo esta premisa, voy a contarte qué puedes esperar de esta newsletter a partir de ahora, y con esa información podrás decidir si te quedas… o es el momento de separarnos.
Decidas lo que decidas, GRACIAS.

a última vez que supiste de mí estaba en una etapa de mi vida muy distinta: hablaba de branding, sistemas y gestión de proyectos, pero lo cierto es que hace tiempo que tomé un rumbo diferente.
Fue una transformación natural, ya que mis mentorías siempre terminaban tomando un cariz personal, y lo que comenzaba como una consulta para mejorar una marca terminaba convirtiéndose en una suerte de coaching con toques de branding y mucho project management. Era ese tipo de servicio que jamás eres capaz de explicarle a nadie, pero con el que cuando alguien te da una oportunidad, llega a descubrir que es mucho más completo y riguroso de lo que cabría imaginar.
Spoiler: terminó de la única forma que puede terminar una situación como esa, es decir, con una enorme crisis de identidad.
Paralelamente, lidiaba con conflictos grandes a nivel personal, y todo aquello me condujo a un episodio depresivo largo e intenso, que a su vez concatenó con mi ya habitual serie de catastróficas desdichas. Algunos de los grandes éxitos: estar a punto de morir en un avión, descubrir que padezco dos enfermedades autoinmunes, la DANA destrozando mi casa, estar mes y medio de tratamientos médicos y ¡cómo no! volver a verle los ojos a la parca… esta vez por un ictus.
Y aunque no todo ha sido malo, sí ha sido MUY intenso. A la vez que todo esto sucedía, nos embarcábamos en un viaje de dos meses por Japón y China, reformábamos nuestra casa (de más de cien años, por cierto) con nuestras propias manos, nos topábamos con un nuevo y peludo miembro de la familia… y esto me sigue sonando extraño, pero es real: me he casado. Me he casado en una boda en la que no cambiaría ni un sólo detalle porque fue perfecta (no tanto la preparación, pero eso ya es otro tema).
Conclusión: 2024 fue un año de devastación, sobre todo a nivel emocional; 2025 ha sido un año de demolición y preparación del terreno, y para 2026 mis planes son construir, pero desde un lugar muy diferente y con prioridades muy distintas.
Comentarios recientes